Medicina Preventiva, evolución y core energética
Por: Ph.D Ken Goldberg
(Derechos reservados)
Primera Convención Nacional de Core Energética
Tonalli, Edo. de México
Abril de 2007
Soy doctor especialista en medicina preventiva y estoy interesado principalmente en el estudio de la psico-somatización. La medicina preventiva estudia las causas y los patrones de las enfermedades. La medicina psicosomática, por su parte, estudia la manera en la que la mente y el cuerpo se comunican para organizar y regular a todo el organismo. Hablaré acerca de cómo es que las enfermedades que causan la muerte más comúnmente dejaron de ser una competencia y una batalla con microorganismos y se han convertido en enfermedades que son causadas por el mal funcionamiento de los sistemas reguladores de nuestros cuerpos—que es el mismo sistema psicosomático autorregulador que produce el carácter. También hablaré de la necesidad que existe de contar con distintas estrategias para lidiar con este tipo de enfermedad—desde la lucha a través de la invasión de organismos hasta la creación de relaciones de cooperación y colaboración—y cómo es que este cambio en el patrón de la enfermedad y de su tratamiento resulta importante para nuestro trabajo en la Core Energética. Asimismo, quiero que exista colaboración en esta conferencia, si necesitan pararse y moverse, por favor háganlo. Si quieren decir algo pueden hacerlo, también voy a dejar un tiempo al final específicamente para preguntas y comentarios.
Ahora imagínense en su trabajo como profesionales. Cuando hay gente que acude a ustedes con una enfermedad o con alguna perturbación o somatización psíquica…sientan cómo es su relación con sus pacientes. ¿Cómo les afecta el carácter o la enfermedad de su paciente? Piensen en sus amigos y en su familia. Tal vez algunos de ustedes tengan familiares o amigos que estén enfermos, ¿cómo es su relación con ellos y con su enfermedad? ¿Cómo les afecta su propia salud y su propio envejecimiento? ¿Qué tanto se ven a ustedes mismos luchando contra el envejecimiento y contra las enfermedades? ¿Esperan que haya balas mágicas que los ayuden a ustedes o a los demás a vencer las enfermedades? ¿Qué tan bien entienden y sienten cómo su cuerpo trata de comunicarse con ustedes? ¿Qué tan bien entienden lo que las enfermedades les están tratando de decir?
Mientras imaginan esto, les voy a contar una breve versión de una historia que probablemente conocen, la historia del Éxodo.
Hace mucho tiempo en el antiguo Egipto, los israelitas eran esclavos y eran forzados a construir templos y estructuras para los egipcios. Para evitar que los esclavos adquirieran demasiada fuerza, el líder egipcio, el faraón, mandó matar al primer hijo de los israelitas. La madre de uno de estos niños, para evitar que mataran a su hijo, prefirió ponerlo en un canasto en el Nilo y dejarlo a la deriva. Mientras una mujer egipcia se bañaba, la cual era doncella de la reina, se encontró el canasto y llevó al niño al palacio y fue criado como un noble egipcio. Aunque se convirtió en un joven privilegiado, él pudo darse cuenta y sentir la injusticia del trato tan severo que recibían los esclavos y cuando vio que uno de los patrones estaba pegándole a un esclavo, puso al patrón contra el piso y lo mató. Después de esto corrió hacia el desierto pues sabía que su vida había terminado.
Mientras caminaba por el desierto, tuvo una visión: un arbusto en llamas pero que no se quemaba y oyó que de ahí salía la voz de Dios que le decía que debía regresar a Egipto y liberar a los esclavos, a su gente, y que Él le ayudaría. A pesar de que esa tarea le daba miedo y de que sentía que no era la persona adecuada para llevarla a cabo, siguió las instrucciones. Cuando el Faraón se rió de su petición de que los esclavos fueran liberados, Dios mandó las plagas que devastaron a Egipto, pero el Faraón no cedió sino hasta la décima plaga, en la que moriría todo primogénito egipcio. Al enfrentarse con la muerte de su propio hijo, el Faraón liberó a los israelitas, los cuales huyeron hacia el desierto. El Faraón cambió de parecer y mandó a su ejército a perseguir a los esclavos. Los israelitas tenían el Mar Rojo frente a ellos y a los egipcios persiguiéndolos y, según la historia, siguieron a Moisés a través del mar, el cual se abrió para ellos. Cuando los egipcios trataron de seguirlos, quedaron sumergidos en el Mar Rojo.
Los israelitas caminaron por el desierto durante muchos años y muchos se desilusionaron de su nueva existencia austera. Mientras Moisés se aisló para meditar y para orar pidiendo orientación, empezaron a crear dioses, bailaron y celebraron rindiendo culto y hablaron acerca de regresar a Egipto. Cuando Moisés finalmente regresó con los diez mandamientos—la palabra de Dios—se enfureció al ver que la gente había perdido su fe y estrelló las tablillas. Al ver esto, cesaron su adoración y se reunieron alrededor de Moisés y recuperaron su fe en el único Dios verdadero. Estuvieron deambulando por el desierto durante cuarenta años antes de encontrar el camino a la tierra prometida.
Les cuento esta historia porque es un gran ejemplo de nuestra larga historia de poder y opresión, y de lo difícil que nos resulta renunciar a nuestra equivocada y enfermiza tendencia por abusar del poder. Esta historia también es reveladora porque nos muestra cómo vivir fuera de las dinámicas usuales de la opresión. Regresaremos a esta historia más adelante, cuando veamos nuestro estado de salud actual.
Vivimos en una época que es emocionante, excitante, pero a veces también es una época que nos produce miedo. Las respuestas físicas de la excitación y del miedo son casi iguales, por lo que puede resultar difícil describir si lo que se está sintiendo es uno u otro. Simplemente recuerden respirar—cuando tenemos miedo aguantamos la respiración y cuando estamos emocionados o excitados seguimos respirando y por lo general gritamos—así que ahora todos juntos…respiren profundo Y GRITEN.
Ahora existen muchas posibilidades nuevas en nuestro campo y en el mundo en general, pero también hay muchas amenazas nuevas para nuestro bienestar (¿todavía están respirando?): nuevos tipos de enfermedades, las enfermedades del medio ambiente que aumentan día con día, las enfermedades psicosomáticas que van también en aumento y los nuevos niveles de enfermedades infecciosas y, si quieren, nuevas plagas. Estas nuevas enfermedades son nuevos factores de tensión para nosotros y para nuestros ecosistemas, por lo que la manera en la que nos adaptemos a este estrés determinará la vida que tendremos en un futuro.
Por su puesto, las enfermedades y el estrés no son nada nuevo. Desde que la vida comenzó, ha habido dos tipos de enfermedades. Imagínense a las primeras formas de vida tratando de construir una barrera alrededor de ellas para tener la energía suficiente para crecer y para evitar desintegrarse. La pérdida de energía, la incapacidad de crecer o de reproducirse, o la desintegración es una clase de enfermedad, es la incapacidad de autorregularse. Ahora imagínense que un organismo unicelular se come a otro organismo unicelular…podríamos llamarle competencia, pero también es enfermedad temprana. Solemos pensar en el depredador y en la presa como parte de un ecosistema—a la planta se la come un insecto, al cual se lo come un pez, al cual se lo come un pájaro, etcétera. A excepción de cuando el organismo que está comiendo es más pequeño que su presa, pensamos en esto como enfermedad—enfermedad infecciosa—y desde que se tienen registros, las enfermedades infecciosas son la principal causa de muerte para los humanos.
Hace menos de cien años, la tuberculosis, la malaria, la influenza, la neumonía, el sarampión y otras enfermedades infecciosas eran las principales causas de muerte—y en los países más pobres del mundo todavía lo son. Sin embargo, en países que cuentan con los beneficios de la modernización, el patrón de enfermedad ha cambiado radicalmente. Vamos a ver las diez principales causas de muerte en México y en treinta y ocho países industrializados.
México (2005)
38 países industrializados (1995)
Organización Mundial para la Salud (1990) – Todos los países
Fíjense que en la lista de México sólo hay una enfermedad infecciosa, la neumonía/influenza y causa sólo el 2.5% de las muertes. En el número 11 está el suicidio, el cual está aumentando.
¿Qué sienten al ver esta lista? ¿Cómo les afecta? ¿Cuáles son las enfermedades que han tomado el lugar de enfermedad infecciosa y por qué?
[Éste es el campo de la medicina preventiva: entender los patrones y las causas de las enfermedades para poder evitarlas en lugar de esperar a tratarlas cuando haya síntomas. Para mí la Core Energética forma parte del campo de la medicina preventiva, ya que buscamos entender las causas de las enfermedades y prevenirlas, así como curar al paciente en un nivel que va más allá del nivel de los síntomas. Más adelante hablaré de cómo la práctica de la Core Energética se relaciona con el entendimiento y la prevención de las enfermedades.]
Actualmente, las principales causas de muerte son internas del ser humano, es decir, son enfermedades causadas por el estilo de vida, entre las que se encuentran las enfermedades cardiacas y los derrames cerebrales o aquéllas producidas por la incapacidad del cuerpo para regularse o por el contacto con el estrés del entorno, tales como el cáncer, la diabetes y las enfermedades pulmonares crónicas. Estas enfermedades no son el resultado directo de una lucha contra otro organismo, no son el resultado de una competencia; estas enfermedades son el resultado de una vida más longeva y de que el cuerpo trata de adaptarse al estrés del entorno, el cual incluye desde una dieta industrializada, falta de ejercicio, contaminación e incertidumbre económica hasta el sentimiento de soledad o la falta de placer o significado en la vida. Asimismo, puede ser el sistema regulador de nuestro propio cuerpo el que esté causando daño, como sucede en las enfermedades autoinmunológicas, en las que el sistema inmunológico ataca a los tejidos sanos, tal es el caso de la Diabetes Mellitus –segunda causa de muerte en México. Esta lista no muestra la cifra en aumento de las enfermedades causadas por un problema de regulación y que no causan la muerte como la infertilidad, dolores de cabeza, fibromialgia, depresión, ansiedad, cansancio crónico y muchas más.
Estas enfermedades se han convertido en las principales causas de muerte por distintos factores. En primer lugar, las sociedades con un buen nivel de vida han superado la competencia con microorganismos—los cambios más importantes se han llevado a cabo porque las vacunas nos han hecho inmunes a estos microorganismos. Asimismo, les hemos quitado sus medios de cultivo al limpiar los pantanos, al construir sistemas de alcantarillado y al tratar el agua potable, y cuando esto falla, hemos encontrado la manera de matarlos con antibióticos y de identificar y tratar a aquéllos que están enfermos para que no propaguen la enfermedad. El resultado de esto es que tenemos una vida más longeva que antes y las enfermedades que quedan son las nuevas: las enfermedades de autorregulación. Nuestros cuerpos están adaptándose y aprendiendo a autorregularse en un ambiente totalmente nuevo.
En otras palabras, hemos modificado las presiones ambientales que provocaban la muerte a los humanos, es decir, dejamos de competir con microorganismos para enfrentarnos al reto de regular nuestros sistemas en medio del estrés que proviene de vivir tanto tiempo dentro de una sociedad moderna industrializada.
Entonces, para entender las enfermedades del sistema regulador, es importante entender un poco del sistema regulador en sí. Éste es el objeto de estudio de la medicina psicosomática. El sistema regulador se encarga de manejar todos los subsistemas del organismo y lleva a cabo el proceso en el que toma información del exterior y de todos los demás sistemas, como el circulatorio y el digestivo, y los coordina. Como pueden ver, éste es un proceso esencialmente de comunicación y de manejo de información.
Desde que se formaron los primeros organismos, hemos estado en un proceso de evolución en el que ha aumentado la comunicación y el manejo de la información. Incluso los organismos más simples necesitan coordinar todas las funciones necesarias para regular la vida, de las cuales la mayoría son funciones energéticas, como por ejemplo, el consumo de energía, el metabolismo y la digestión de la energía, la excreción de desechos, entre otros.
Para eso hay que tomar información de qué alimento es bueno y qué es peligroso, hay que hallar la manera para maximizar el consumo de energía y minimizar la pérdida de energía, y para estar sano lo suficiente como para poder reproducirse. Los organismos unicelulares hacen todas estas cosas; se mueven hacia donde hay comida y se alejan de las toxinas o de los depredadores. Estos organismos desarrollaron sensores especiales en sus paredes celulares para “percibir” el mundo que los rodea, también desarrollaron mecanismos motores especiales para moverse y tienen la capacidad de reproducirse (lo que lo pone a uno a pensar acerca de cómo sería ser un organismo que pudiera tener relaciones sexuales con uno mismo, en el momento que uno quisiera sin sentirse culpable).
Finalmente, estos organismos unicelulares se unieron con otros organismos unicelulares para compartir información y tareas debido a que ambos organismos se veían beneficiados con esa cooperación. Imagínense que una célula que tiene censores para la comida se une con otra que tiene la capacidad de saberse mover. Esta cooperación permitió que los organismos se adaptaran mejor, consiguieran alimento más fácilmente, pudieran evitar problemas y se hicieran más eficientes. El ejemplo clásico de esta forma de cooperación es la mitocondria bacterial—parte de una bacteria antigua que probablemente fue el primer organismo en aprender cómo conseguir energía del oxígeno, aprendió a respirar. Esa bacteria cedió la propiedad de la fábrica de oxigeno, cedió sus paredes celulares y sus otros mecanismos celulares—de hecho, cedió su identidad individual como organismo—y, entonces, otros organismos adoptaron la parte de la fábrica de oxígeno dentro de sus paredes celulares, al igual que Moisés perdió su identidad y fue adoptado por otra tribu. Ahora, cada célula de nuestro cuerpo tiene esta misma partecita de una bacteria antigua en su interior, la cual nos permite conseguir energía del oxígeno—nos permite respirar.
Conforme estos sistemas de cooperación se fueron haciendo más permanentes, las células se pudieron especializar en sus habilidades especiales, pero tuvieron que desarrollar la capacidad de coordinar sus acciones y, por lo tanto, desarrollaron distintas medios para comunicarse. Estos sistemas de comunicación en un principio fueron meramente energéticos—aprendieron a usar la tensión y la vibración mecánica a través de proteínas especiales que se encontraban en la membrana celular, la señalización eléctrica, pequeños paquetes de energía luminosa llamados fotones, radiación de microondas y muchas otras formas de señalización eléctrica que hoy en día apenas estamos empezando a entender. Esto ha evolucionado para convertirse en todo nuestro sistema de energía, incluyendo el tejido conjuntivo, los meridianos y el sistema de chacras, mismos que ustedes han estado estudiando.
Hablar sobre esto a profundidad nos llevaría mucho más que una hora, por lo que sólo mencionaré que las proteínas especializadas que hacen posible la comunicación eléctrica y mecánica entre células forman el tejido conjuntivo de nuestro cuerpo. El tejido conjuntivo, formado por fibras líquidas y cristalinas y que son semi-conductoras, es el medio a través del cual viaja la energía por todo nuestro cuerpo; sin embargo no sólo es el medio para la energía mecánica de la tensión en los huesos, músculos y tendones, sino también para el sistema bioeléctrico, el cual utiliza el tejido conjuntivo a manera de líneas telefónicas para enviar señales. Obviamente, esto es muy importante no sólo para la salud en general, sino que es la forma en la que se crea nuestro carácter físico—el músculo, el tendón y el hueso desarrollados son el aspecto físico de nuestro sistema de energía.
Conforme los sistemas se fueron especializando y se hicieron más complejos, las células también desarrollaron un sistema especializado de señales químicas y eléctricas que pudieran mandar para emitir un mensaje o para llevar a cabo una función a cierta distancia. Esto evolucionó en lo que ahora es el sistema nervioso y en las moléculas mensajeras—nervios y neurotransmisores, células glandulares y hormonas, células sanguíneas y moléculas inmunológicas. Estas células se conocen comúnmente como el sistema psiconeuroinmunológico. Todo este sistema regulador está entrelazado por el sistema energético de tejido conjuntivo, ya que cada vaso sanguíneo y cada nervio está envuelto con células de tejido conjuntivo que son conductoras de energía. De hecho, más de la mitad del cerebro está constituido por células gliales, las cuales son células de tejido conectivo conductoras de energía, y no por tejido nervioso.
Así pues, estos sistemas reguladores coordinan las funciones de los siete billones de células del cuerpo. Por supuesto, en una visión más general, este sistema conecta nuestra conciencia, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras intenciones y nuestro estado espiritual con nuestro cuerpo y con el mundo exterior. Cuando nuestro sistema de energía se encuentra abierto y fluyendo, nuestro sistema regulador está abierto y fluyendo—son el mismo sistema. Si viviéramos de tal forma que permitiéramos que nuestros sentimientos y nuestra energía creativa se expresaran libremente, gozaríamos de salud y vitalidad plena. Cuando nuestros pensamientos se encuentran atrapados en imágenes, cuando nuestras actitudes y sentimientos se reprimen o se deforman, cuando entramos en conflicto entre las intenciones positivas y las negativas, nuestro sistema energético y regulador se deforma, se bloquea, se cierra. Esto causa todos los problemas que vemos en nuestro trabajo como profesionales—creatividad y sexualidad bloqueadas, relaciones fallidas, entre otros—así como enfermedades físicos y mentales—fatiga crónica, fibromialgia, depresión y otras parecidas. Éstas son las plagas modernas, las cuales son los mensajes de nuestro ser superior que nos dice que tenemos que liberar todo lo que está reprimido dentro de nosotros...tenemos que liberar nuestra fuerza vital esclavizada.
Entonces, hemos desarrollado este sorprendente y complicado sistema regulador que conecta todo nuestro cuerpo, conecta nuestra conciencia con nuestro cuerpo y nos ayuda a adaptarnos a los cambios en nuestro entorno, ya sean en nuestras relaciones, en asimilar información o en adaptarse a los cambio del medio ambiente. Desafortunadamente, nuestro entorno, nuestro medio ambiente, ha cambiado extremadamente rápido en los últimos años, por lo que nuestro sistema regulador ha tenido problemas para ponerse al día.
Pónganse a pensar en esto por un momento: el cuerpo humano tuvo millones de años para adaptarse a los antiguos problemas de enfermedades infecciosas y regular organismos que cazaban, cultivaban, recolectaban y sólo vivían de cuarenta a cincuenta años. Nuestros cuerpos sólo han tenido un par de cientos de años—cerca de cinco generaciones—para adaptarse a la vida moderna industrializada. Esta vida moderna industrializada y el estrés ambiental que conlleva es totalmente diferente a la vida para la que evolucionamos. Simplemente, en un nivel físico, el aire que respiramos es totalmente diferente—no tenemos que contarle nada a los que son de la Ciudad de México—pero todos nacieron después de que empezó la contaminación industrial, por lo que ya es algo cotidiano; sin embargo, no existía hace 150 años.
Otro ejemplo son las radiaciones. Aunque probablemente todos ustedes sepan que las radiaciones pueden causar cáncer, ¿sabían que hace 150 años las únicas radiaciones que existían en la Tierra eran las que venían del espacio o de la Tierra en sí? Aunque estas radiaciones son significativas, ahora son sólo una pequeña parte del baño de radiación en el que vivimos sumergidos—desde las ondas de radio y televisión, microondas de hornos y celulares, campos eléctricos y magnéticos de todas las instalaciones eléctricas de nuestras casas y oficinas y que permiten que funcionen todos los aparatos, y no se olviden del despertador, el cual se pasa toda la noche junto a su cabeza mientras duermen.
También nuestra comida es totalmente diferente. Dos ejemplos sencillos: el maíz está alterado genéticamente y se cultiva con fertilizantes químicos—es muy distinto, incluso si no lo cocinan en el microondas. Asimismo, el ganado se cría en corrales de engorde, se alimenta con maíz, se les da hormonas para que crezcan y se les da antibióticos porque de otra forma morirían de enfermedades producidas por estar viviendo en corrales superpoblados y de enfermedades hepáticas, ya que estos animales no evolucionaron para comer maíz...ellos comen hierba.
Por supuesto, los cambios son psicológicos, emocionales, sociales y culturales—aunque estos temas van más allá del tema de esta conferencia, voy a darles un ejemplo. Hasta hace algunos cientos de años, la mayoría de la gente tenía trabajos muy pesados físicamente, pero los realizaban durante periodos cortos—caza, recolección y siembra—y pasaban la mayor parte del año en rituales, festivales y celebraciones de su comunidad, en las que bailaban, tocaban los tambores, tomaban, se disfrazaban y alcanzaban estados alterados de la comunión eufórica entre ellos y con los dioses. Esto fue una realidad hasta hace 300 años, cuando la guerra mecanizada y la revolución industrial cambiaron todo.
Hoy en día la mayoría de la gente trabaja todos los días en un trabajo repetitivo, con pocos días feriados y con pocas vacaciones; además, de la familia nuclear, está la televisión, los deportes y la Iglesia. ¿Dónde quedaron todos los festivales, las fiestas, la oportunidad para estar en comunión con Dios en público y de sentirse parte del desfile de la vida? Probablemente no sea sorprendente el hecho de que los registros históricos muestren que en los últimos 300 años aparecieron y aumentaron la depresión, la ansiedad y el suicidio—antes, casi nunca se hablaba de esto y, sin embargo, rápidamente se convirtieron el la principal causa de enfermedades—, recuerden la lista de los 38 países industrializados, en la que en la séptima causa de muerte son los trastornos mentales, para la cual no cuentan las personas que viven toda su vida con alguna enfermedad mental y mueren por otras causas.
A pesar de que nuestra biología se está adaptando lentamente a los cambios en el entorno, la evolución física es muy lenta. La evolución física necesita que haya selección natural de una variación exitosa, que es un proceso que necesita varias generaciones. Nuestros cuerpos se parecen mucho a los de los homo sapiens, que vivieron en la época de las primeras pinturas rupestres. Es cierto que somos más altos, estamos mejor nutridos y vivimos más, pero nuestra estructura física básica es muy similar, con una diferencia aparente. A través de los esfuerzos de cooperación entre la gente, al igual que los organismos unicelulares, nuestros trabajos se han especializado, lo cual ha dado pie a los avances tecnológicos y a la habilidad para producir, almacenar y transmitir información como nunca antes se había hecho. Estamos desarrollando y compartiendo ideas y enfrentando los cambios y la diversidad en una escala que nunca antes había sido posible. ¿Cuántos de ustedes fueron o van a la escuela? ¿Cuántos de ustedes han cambiado de profesión, de sistema de creencias o han viajado a otro país? Todo esto era algo totalmente inusual hace un par de años.
El punto es que el enfoque de nuestra evolución se modificó y en lugar de centrarse en los cambios en la estructura física, se centra en los cambios en la información y en la conciencia. Cómo pensamos, cómo nos relacionamos con el otro, cómo manejamos la información y qué tan bien nos adaptamos a la nueva información, son ejemplos de la tarea de nuestro sistema regulador energético, el cual necesita de nuestro apoyo para lograrlo.
Yo creo que nuestro sistema regulador, el cual es un instrumento increíblemente sensible para recibir información energética, es capaz de percibir la sabiduría y la conciencia superior, más allá de nuestros sueños más locos; sin embargo, debemos aprender a darle apoyo y a cooperar con él. No podemos forzarlo a que se adapte a un ambiente que no es sano ni a que haga lo que queramos simplemente llenándolos con más información. No podemos hacer que nuestra conciencia crezca a la fuerza.
Sin embargo, esto es lo que solemos hacer. Intentamos forzar el cambio o la adaptación a un ambiente que no es sano bajo el pretexto de que es conveniente. Es conveniente usar fertilizantes químicos, es conveniente dar antibióticos a las vacas para criarlas en corrales de engorde y combatir las enfermedades. Resulta muy eficiente trabajar cuarenta o más horas a la semana y mantener nuestras fábricas trabajando las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Nuestros pacientes progresarán aunque tengamos que forzarlos a que enfrenten su ser inferior. Dominamos la tierra, los animales y nuestros cuerpos para forzarlos a que sean eficientes y productivos. Hemos estado manipulando la tierra y nuestros cuerpos a nuestro antojo desde antes de los egipcios.
Nuestra conciencia primitiva quiere utilizar el poder para dominar, para vencer y para eliminar un problema. La historia del mundo se ha dictado en términos de jerarquía y de competencia—la supervivencia del más apto, el que gana se lleva todo e innumerables guerras para conquistar y dominar. Esta manera de pensar forma parte del pensamiento médico y, en ocasiones, psicológico. Hablamos de vencer enfermedades, de combatir el cáncer, de matar a los microorganismos invasores.
En términos de Core Energética, este tipo de enfoque equivale a la violencia basada en la voluntad y en el miedo. Nuestros problemas médicos y psicológicos son el resultado de un complejo sistema de interconexiones cooperativas y nunca se resolverán a la fuerza.
Ustedes tal vez piensen: “pero esta forma de pensar ha tenido éxito con las enfermedades infecciosas, ¿por qué no podría tenerlo también con las enfermedades de autorregulación?” ¿Seguro que ya le ganamos a las enfermedades infecciosas? La verdad es que nuestros grandes avances para combatir las enfermedades infecciosas no fueron por matar organismos ni ninguna otra cosa, sino que se dieron porque, por un lado, cambiamos nuestro sistema inmunológico mediante el uso de las vacunas y, así, fuimos capaces de vivir con estos organismos y, por otro, alteramos nuestro medio ambiente—limpiamos el agua potable—para que así como nosotros tenemos nuestro espacio, los otros organismos también lo tuvieran. De hecho, hay pruebas de que podemos hacer que estos organismos causen menos enfermedades en los humanos. En el caso del cólera, entre más usamos antibióticos y aislamos a la gente que tiene esta enfermedad, más peligrosa se vuelve esta enfermedad. Al hacer que las poblaciones sean cada vez más sanas por medio de la purificación del agua potable y al dejar que las personas contraigan una enfermedad, la enfermedad no le causa la muerte, sino que a medida que se van recuperando propagan una variación de la enfermedad menos mortal y menos severa. Aislar a un organismo e intentar matarlo con antibióticos sólo acaba con los virus o “bichos” más débiles y deja con vida a los que son más fuertes, a los “asesinos”. Esto es lo que sucede una y otra vez con los antibióticos y las infecciones.
Traten de asimilar eso por un momento. Cuando intentamos matar microorganismos, ellos evolucionan para convertirse en unos aún más peligrosos; cuando hacemos que nuestro medio sea más sano y nos adaptamos a él, los organismos se vuelven menos tóxicos para nosotros.
Obviamente, las enfermedades del sistema regulador son diferentes, no hay un enemigo que vencer como en las enfermedades infecciosas, pero por lo general las vemos como si lo hubiera. Lo mismo pasa con la terapia o con las prácticas de la Core Energética—en donde buscamos dominar las defensas de alguien, quitarle la máscara o vencer al ser inferior. Este tipo de ataque sólo eliminará las partes más débiles de la defensa dejando las partes que son fuertes y que reaccionarán de una manera aún mayor, las cuales se harán más tóxicas durante el proceso.
Aprendamos de los ejemplos del mundo natural. Las enfermedades del sistema regulador representan la incapacidad del cuerpo para asimilar información, para coordinar las funciones del cuerpo, para colaborar con los demás y para cooperar con el ambiente para maximizar la salud y las oportunidades para crecer. En lugar de atacar, ¿por qué no nos coordinamos, colaboramos y cooperamos con el sistema regulador? Las defensas son parte de ese sistema—las imágenes son creencias acerca de cómo satisfacer nuestras necesidades, el ser inferior es un intento deformado por protegernos contra el dolor y la pérdida.
¿Cómo podemos hacer esto? Para poder apoyar y colaborar, primero, debemos aprender a escuchar. Todas las prácticas espirituales saludables nos enseñan esto. Hay que poner atención a la respiración, mediten acerca de sus pensamientos para entender cómo surgen, ejerciten su cuerpo diariamente para que aprendan cómo trabaja el cuerpo. Todas las grandes tradiciones consideran que esto es verdad.
En el caso de las enfermedades de autorregulación, mediten específicamente acerca de lo que la enfermedad les está tratando de decir. Cuando sus músculos están contraídos…ése es un mensaje; cuando se sienten cansados…ése es un mensaje; si tienen diabetes…ese es un mensaje. Obviamente, los mensajes no son palabras, si queremos entender debemos aprender el idioma del inconciente, del cuerpo y de los sentimientos. El sistema regulador que conecta nuestra mente con nuestro cuerpo está increíblemente buen diseñado para recibir y mandar señales, pero si uno no intenta escucharlo o si uno intenta pelear con él para vencerlo, el mensaje no puede pasar.
Y es lo mismo para el trabajo con los pacientes. El ser superior busca el crecimiento y la salud. Uno puede aprender a escuchar el significado que esconden las palabras de los pacientes; su enfermedad y sus defensas están tratando de decir algo; ustedes tienen la opción de abrir su corazón y tratar de aprender de ellos o pueden decidir que saben qué es lo mejor para ellos y, entonces, tratan de enseñarles y los obligan a que hagan lo que ustedes desean.
Aquí es en donde la historia del Éxodo resulta reveladora. La gente que estaba escapando fue perseguida por el opresor hasta el mar, pero no se voltearon y pelearon ni se rindieron, sino que se entregaron a la fe y atravesaron el mar—símbolo universal del inconciente profundo—, y los opresores no los pudieron seguir. Después, deambularon en el desierto—otro término para el inconciente profundo y primitivo—y cuando Moisés les llevó los diez mandamientos, no estaban listos. Él no intentó forzarlos a que obedecieran—aventó y rompió las tablillas—, estas leyes divinas no se podían imponer a nadie. El verdadero líder da a la gente la opción de que sigan las leyes de dios—y así lo hicieron. Si los hubiera obligado, sólo habrían cambiado un opresor por otro.
En nuestro trabajo, podemos guiar mejor a través del ejemplo, de la invitación, de la colaboración y de la cooperación. Podemos guiar a nuestros pacientes hacia el inconciente profundo y podemos permanecer alineados con el ser superior, pero guiamos mejor cuando nos rendimos ante el ser superior, ante el amor.
Así pues, hablé de los cambios en los patrones de las enfermedades: las enfermedades infecciosas han sido remplazadas por enfermedades del sistema energético y regulador. Hablé de la necesidad que existe de acercarse a estas enfermedades nuevas con ánimo de colaboración y cooperación, en lugar de hacerlo con la mentalidad de que se trata de una batalla dualística de ganador contra perdedor; y apliqué esto al enfoque de la Core Energética para transformar el ser inferior con la necesidad de cambiar la actitud dualística de ganarle a las defensas o de intentar deshacerse de ellas. Siempre hemos sabido que el ser superior es sanador, pero el ser superior sana con amor.
Nuestros problemas no se solucionan a la fuerza. Al igual que Moisés, necesitamos ser capaces de ver y sentir la injusticia de la opresión; asimismo, tenemos que soltar nuestros estilos de vida y nuestras creencias a las que tanto nos aferramos si queremos sobrevivir. Para transformar la opresión podemos vivir bajo la guía de Dios, la cual nos dará la fuerza y el valor para enfrentar al opresor que tenemos en nuestro interior. Una vez que nos liberemos de nuestras viejas estructuras, necesitamos pasar por las fuerzas más profundas de nuestro inconciente y desear, incluso, derrumbar las normas que creemos que Dios nos dio. Así, podemos vivir en colaboración con Dios, con los demás y con la Tierra.