Relaciones Obejetales
Por: Patricia Aguirre

(Derechos reservados)
Primera Convención Nacional de Core Energética
Tonalli, Edo. de México
Abril de 2007

El nacimiento biológico del infante humano y el nacimiento psicológico no coinciden en el tiempo. El primero es un acontecimiento espectacular, observable y bien circunscripto; el último es un proceso intrapsíquico de lento desarrollo.

Se denomina nacimiento psicológico del individuo al proceso de separación-individuación;
El establecimiento de un sentimiento de separación respecto de un mundo de realidad, y de una relación con él, particularmente con respecto a las experiencias del propio cuerpo  y al principal representante del mundo tal como el infante lo experimenta, el objeto primario de amor. Este proceso, como cualquier otro proceso intrapsíquico se manifiesta a todo lo largo del ciclo vital. Nunca termina; sigue siempre en actividad; en nuevas fases de ciclo vital observamos cómo actúan aún nuevos derivados de los procesos más primarios. Pero los principales logros psicológicos de éste proceso ocurren en el período que va del  4° ó 5° mes a los 30 ó 36 meses, lapso que se denomina fase de separación – individuación.

El proceso normal de separación – individuación, que sigue a un período simbiótico evolutivamente normal, incluye el logro por parte del niño de un funcionamiento separado en presencia de la madre y con la disponibilidad emocional de ésta; el niño se enfrenta continuamente  con amenazas mínimas de pérdida del objeto amoroso ( que cada paso del proceso de maduración parece traer consigo).  Sin embargo, en contraste con situaciones de separación traumática, este proceso normal de separación-individuación ocurre en el ámbito de una disposición evolutiva para el funcionamiento independiente y de una complacencia en tal actividad.

La separación y la individuación se conciben como dos desarrollos complementarios: la separación consiste en la emergencia del niño de una fusión simbiótica con la madre, y la individuación consiste en los logros que jalonan la elevación por parte del niño de sus propias características individuales. Estos desarrollos están entrelazados con los procesos evolutivos, pero no son idénticos a ellos; pueden proceder en forma divergente, con una demora o precocidad en uno u otro. Por ende el desarrollo locomotor prematuro, que permite al niño separarse físicamente de la madre, puede llevar a una conciencia prematura del estado de separación, antes de que los mecanismos internos de regulación, que son un componente de la individuación, proporcionen los medios para enfrentar esa conciencia. Por el contrario una madre omnipresente e infantilizadora, que interfiere con la tendencia innata del niño a la individuación, obstaculizando por lo común  la función locomotriz autónoma  de su yo, puede retrasar el desarrollo de una plena conciencia de la diferenciación  yo-otro por parte del niño, pese al desarrollo progresivo, o aun precoz, de sus funciones cognitivas, preceptúales y afectivas.

A partir de los comienzos observables e inferidos del primitivo estado cognitivo-afectivo del infante, en que no hay conciencia de la diferenciación yo-otro, se desarrolla una organización más importante de vida intrapsíquica y conductual en torno de los eventos de la separación y la individuación, organización que caracterizamos denominando fase de separación-individuación al periodo subsiguiente.

Las etapas de éste proceso, comienza con los primeros signos de diferenciación, siguiendo con el periodo de absorción por el infante en su propio funcionamiento autónomo con exclusión casi total de la madre, pasando luego al importantísimo periodo de acercamiento en que el niño, precisamente porque percibe con mayor claridad su separación de la madre, se siente urgido a redirigir el foco de su atención a su madre, y llega finalmente a la percepción de un sentimiento primitivo de sí mismo, de entidad e identidad individual, con lo que avanza hacia la constancia del objeto libidinal y del yo.

 

ADAPTACIÓN.

Desde el comienzo el niño se moldea y despliega en la matriz de la unidad dual
madre-infante. Cualesquiera  sean las adaptaciones al niño que la madre pueda realizar, y se muestre o no sensible y empática, estamos profundamente convencidos de la capacidad adaptativa del niño, como material fresco y maleable, y su necesidad de adaptación para lograr satisfacción, son mucho mayores que las de la madre, cuya personalidad está firme y a menudo rígidamente constituida, con todas sus pautas de  carácter y de defensa. El bebé se configura en armonía y contrapunto con las maneras y estilo de la madre, sea que esta proporcione por su parte un objeto sano o patológico para tal adaptación. 

Desde el enfoque dinámico—el conflicto entre impulso y defensa—es mucho menos importante en los primeros meses de vida que en época posterior,  cuando la estructuración de la personalidad hace que resulten de principalísima importancia los conflictos intra e intersistémicos. La tensión, la ansiedad traumática, el hambre biológica, el aparato del yo, y la homeostasis son conceptos casi biológicos que adquieren mayor pertinencia en los primeros meses y que son los precursores, respectivamente, de la ansiedad con contenido psíquico, la ansiedad con señal, los impulsos orales y otros, las funciones del yo, y los mecanismos reguladores internos (rasgos de defensa y carácter). El punto de vista adaptativo es muy importante en la infancia temprana, pues el infante nace en la cresta misma de las exigencias de adaptación que se le imponen. Por fortuna estas exigencias las satisface la capacidad que tiene el infante – a raíz de la maleabilidad y la estructura informe de su personalidad - ,de dejarse conformar por su ambiente y de amoldarse a ese ambiente. La facilidad del niño para amoldarse a la estructura de su ambiente ya que está presente al comienzo de la infancia.

 

RELACION OBJETAL.

Los primeros escritos psicoanalíticos mostraban que el desarrollo de la relación objetal dependía de los impulsos (Freud, Abraham, Fenichel). Conceptos tales como narcisismo  (primario y secundario), ambivalencia, sadomasoquismo, carácter oral o anal, y triángulo edípico se relacionan simultáneamente con problemas de impulso y de relación objetal.
 
Para Malher, el desarrollo de la relación objetal, a partir del narcisismo, en paralelo con la historia vital temprana del yo, ubicada en el contexto del desarrollo libidinal concurrente. El logro cognitivo-afectivo  de una conciencia de la separación como prerrequisito de la verdadera relación objetal, el papel de los aparatos del yo; memoria, movilidad, percepción, etc. Y de las funciones más complejas del yo (como la prueba de la realidad) en la promoción de tal conciencia.

La relación objetal se desarrolla a partir del narcisismo simbiótico o primario del infante, y se altera en paralelo con el logro de la separación y la individuación, y cómo, a su vez, el funcionamiento del yo y el narcisismo secundario se desarrollan en la matriz de la relación narcisista y, más tarde, objetal con su madre.

Las relaciones objetales y las necesidades de dependencia son de vital importancia en el desarrollo del ser humano, depende de como sean resueltas, el niño podrá construir un complejo de edipo sano, en el que el sujeto percibe a la familia como una tríada formada por padre, madre e hijo, posibilitando el logro por parte del individuo, de alcanzar un sentimiento de identidad individual.

El ser humano lleva una doble existencia: como individuo que busca sus propias metas personales y como miembro de una cadena donde, sin la intervención de su voluntad consciente, cumple los objetivos del grupo y de la especie. Al incluir la dimensión grupal en la construcción del psiquismo humano, se muestra la presencia de otra modalidad de repetición generada más allá de lo intrapsíquico individual, que circula a través de las redes vinculares y que además se trasmite de generación en generación.

En el estudio de psicosis infantiles, tanto en casos de síndromes predominantemente autísticos como de los predominantemente simbióticos, se observó a niños que parecían incapaces de entrar en, o de llegar  a abandonar, el estado crepuscular delusivo de una órbita simbiótica común madre-infante. Estos son niños que pueden no mostrar nunca una respuesta a, o una capacidad de adaptarse a, estímulos que emanan de la persona maternante, es decir, niños que no pueden utilizar un “principio maternante”. O si no, pueden mostrar pánico ante cualquier percepción de separación real. Es posible incluso que renuncien al ejercicio de funciones autónomas ( movilidad, o lenguaje) o las distorsionen para preservar la delusión de la unidad simbiótica, incondicionalmente omnipotente. En ambos casos estos niños sufren una deficiencia de su capacidad de utilizar  a la madre como un faro orientador en el mundo de la realidad. De ello resulta que la personalidad del infante no se organiza en torno de la relación con la madre como objeto externo de amor. No progresan los aparatos del yo, que generalmente se desarrollan en la matriz de la relación maternante “ común y dedicada”, los núcleos del yo no se integran, sino se disgregan secundariamente. El niño con defensas predominantemente autísticas parece tratar a la “madre de carne y hueso”  como no existente; sólo si se ve amenazada su caparazón autística por penetración a raíz de la intrusión humana, el niño reacciona con rabia y/o pánico. En cambio, el niño con una organización predominantemente simbiótica parece tratar a la madre como si ésta fuera parte de su yo, es decir, como no separada de su yo sino mas bien fusionada con éste.  Estos últimos niños son incapaces de integrar una imagen de madre como objeto externo distinto y externo; en cambio, mantienen la escisión entre los objetos parciales bueno y malo, y alternan entre querer incorporar el bueno o expulsar el malo. Como consecuencia de una u otra de estas soluciones, la adaptación al mundo externo (representada más específicamente en una relación objetal en desarrollo con la madre o el padre) y la individuación que lleva a la construcción de una personalidad única en el niño, no se desarrollan parejamente  a partir de un estadío  temprano en adelante. Por lo tanto, las características humanas esenciales se embotan y distorsionan en su estadio rudimentario o se fragmentan más adelante.

 

ALGUNAS DEFINICIONES.

Separación: Logro intrapsíquico  de un sentimiento de separación de la madre, y, a través de éste, de separación del mundo en general. Este sentimiento de separación lleva gradualmente a claras representaciones intrapsíquicas del yo como algo distinto de las representaciones del mundo objetal. Naturalmente, en el curso normal de los eventos evolutivos , las separaciones físicas reales ( de rutina o de otra clase) de la madre constituyen importantes contribuciones al sentimiento que adquiere el niño de ser una persona separada –  sentimiento de ser un individuo separado, no al hecho de estar  físicamente separado de alguien - . En ciertas condiciones aberrantes, el hecho físico de la separación puede llevar a una negación cada vez más aterrorizada del hecho de la separación, y a la delusión de que existe una unión simbiótica.

Simbiosis: Estado intrapsíquico, más bien que a un hecho conductual; por ende, es un estado inferido. No se refiere a la conducta de aferramiento, sino más bien a un rasgo de la vida cognitivo-afectiva en que no ha ocurrido la diferenciación entre el sí-mismo y la madre, o en que se ha dado una regresión a ese estado de indiferenciación yo-objeto ( que caracterizaba a la fase simbiótica). En verdad, esto no requiere necesariamente la presencia física de la madre, sino que puede basarse en imágenes primitivas de unidad y/o escotomización o negación de las percepciones contradictorias.

 

Identidad: Se refiere a la conciencia mas temprana de un sentimiento de ser, de entidad, que incluye en parte, una catexia del cuerpo con energía libidinal. No es un sentimiento de quien soy yo sino de qué soy ; como tal, constituye la primera etapa del proceso de despliegue de la individualidad.

 

SEPARACIÓN – INDIVIDUACION NORMAL:

 Esta fase de separación-individuación es crucial respecto del yo y el desarrollo de las relaciones objetales. También en ésta etapa, es la ansiedad de la separación. Esta ansiedad de separación no es sinónima del temor de aniquilación por abandono. Es una ansiedad menos abruptamente arrolladora que la ansiedad de la fase previa. Sin embargo, su naturaleza es más compleja, el impulso no se dirige hacia la separación por sí misma, sino que lo innato dado es el impulso hacia la individuación, que no puede lograrse sin la separación autónoma.

Esta fase de separación-individuación es una especie de segunda experiencia de nacimiento,
“ruptura de la membrana común simbiótica madre-hijo”. Esta ruptura es tan inevitable como el nacimiento biológico.

La posición defensiva del infante de 18 a 36 meses, que trata de proteger su autoimagen en desarrollo, placentera y celosamente guardada , de la irrupción por parte de la madre y de otras figuras de importancia. Este es un fenómeno clínicamente importante y notable, que ocurre durante la fase separación-individuación, a esta edad ( 2 a 3 años) puede observarse una fase negativa casi normal del niño. Se trata de la reacción conductual concomitante que señala el proceso de desligamiento de la simbiosis madre-hijo. Cuanto menos satisfactoria o más parasitaria haya sido la fase simbiótica, tanto más prominente y exagerada será esta reacción negativista. El temor de reengolfamiento amenaza a una diferenciación individual que apenas acaba de comenzar y que debe ser defendida. Más allá de los 15 a 18 meses, la imagen primaria de unidad e identidad con la madre cesa de ser constructiva para la evolución de un yo y de un mundo objetal.

 

ANSIEDAD QUE ACOMPAÑA A LA CONCIENCIA DE SEPARACIÓN:

En ciertos deambuladores el estímulo maduracional de las funciones locomotrices y de otras funciones autónomas ocurre junto con un retraso en la disposición emocional a funcionar separadamente de la madre y produce pánico organísmico, cuyo contenido mental no es fácilmente dicernible porque el niño ( que se halla aún en el estadio preverbal) no puede comunicarse. Este pánico nunca se consolida en forma de constituír una señal apropiada de ansiedad, sino que conserva el carácter  de una desazón organísmica aguda o insidiosa, acompañada por la incapacidad del niño para utilizar al “otro” como organizador externo o yo auxiliar. Esto detiene además la estructura del yo. El hecho mismo de que la maduración mas o menos ínsita siga adelante, mientras el desarrollo psicológico no lo hace, vuelve extremandamente frágil al yo rudimentario. Puede ocurrir desdiferenciación y fragmentación, y  se produce luego el muy conocido cuadro clínico de la psicosis infantil.

 

DESARROLLO DE UN SENTIMIENTO DE IDENTIDAD:

La separación – individuación normal es el primer prerrequisito crucial para el desarrollo y el mantenimiento del “ sentimiento de identidad”. El niño psicótico nunca llega a tener un sentimiento de totalidad, de entidad individual, y no digamos “un sentimiento de identidad humana”.

En el autismo primario hay un muro congelado y sin alma entre el sujeto y el objeto humano, en  la psicosis simbiótica hay fusión, coalescencia y falta de diferenciación entre el yo y el no-yo, es decir, una completa imprecisión de límites. Los niños psicóticos simbióticos son incapaces de usar a la madre en tanto objeto externo real como base para desarrollar un sentimiento estable de separación del mundo de la realidad y de la relación con él.

La relación entre madre-hijo normales, mantiene el contacto, aunque disminuye la simbiosis; y en el rol específico de la madre al facilitar no solo la separación del niño sino también el modelamiento específico de su personalidad en proceso de individuación, por complementariedad, contraste, identificación o desidentificación. 

 

Las relaciones objetales y las necesidades de dependencia tienen que ser resueltas, ya que de lo contrario, es impedido en el niño,  la construcción de un complejo de edipo, que es el desarrollo de un sujeto, que percibe a la familia como una triada formada por padre, madre e hijo, posibilita el logro por parte del individuo, de alcanzar un sentimiento de identidad individual.

El desarrollo sano va desde una posición narcisista a lapreocupación y dependencia del objeto de amor.

NARCISISMO

El sentimiento de sí depende del ideal del yo, heredero del narcisismo infantil. Este sentimiento de sí, más que caracterizarse por estabilidad y duración en el transcurso del tiempo, es lábil y vacilante por ser el resultado de una constante comparación que el yo establece con el ideal, de modo tal que la auto estima aumentará o decrecerá según dicho parámetro. Se sentirá así amado o no por el ideal: búsqueda del amor dichoso narcisista, en el que el yo y el ideal coinciden, intentando reestablecer la supuesta unidad yoica perdida.

Ser amado se constituye en la meta y satisfacción de la elección narcisista del objeto de amor. A este objeto de amor, se le depositan aspectos maravillosos proyectados, pero  de quien se depende y que de aquí en más será vivido como omnipotente y omnipresente, garante de un anhelo, el de recuperar fantásticamente el todo, el sentido oceánico, esa sensación que evita el horror a la pérdida de una parte del sí.

Cuando el objeto real, el del mundo externo no coincide con las expectativas idealizadas, el yo se conecta con ese horror, y surge una serie de pensamientos alrededor de ¿cuál es la falla que cometí?, ¿cómo repararla?, y empieza la construcción de una “Imagen idealizada” de sí y del otro como intento de recuperar el Paraíso perdido.

 

IMAGEN IDEALIZADA DEL SER

El nacimiento es una experiencia dolorosa para el niño, es separado de un lugar donde todo era perfecto, es un ser desvalido que necesita que cuiden de él, y sobretodo hay un deseo de ser feliz, el niño es incapaz de sentir un amor no egoísta. La idea que tiene el bebé de la felicidad es la satisfacción de todos sus deseos en ese instante y exactamente de la manera que quiere.

Pero podemos ir más lejos, y pensar que la vida del ser humano empezó antes de su concepción y de su nacimiento, desde antes ya se está determinado por la  historia anterior y la influencia de las generaciones que le anteceden. Para entender al ser humano, hay que partir del viaje del alma.

Fuimos creados y fuimos espíritu puro, éste Espíritu cayó, está representado por el alma (la parte no desarrollada del Ser). El Espíritu evoluciona a través del alma y el alma a través del cuerpo. Al nacer venimos a resolver lo que no se había logrado anteriormente.

Lo que se viene a trabajar se hace manifiesto a través de las circunstancias en las que cada uno nace y vive, para ayudarnos a resolver  y esas circunstancias quedan plasmadas en las imágenes que creas.

La imagen es lo que cada uno cree y se busca la situación perfecta para recrear esa imagen. Cada quien escoge su vida y sus circunstancias de cierto nivel en adelante, y de algún modo escogimos ser ayudados. Cuando se está en el Espíritu se escoge lo malo el problema es que se nos olvida, pero lo que cuenta es la promesa hecha.

Esto es esencial para la sanación, ya que hay elementos que no hay manera de justificar  ni de entender y podríamos juzgar de injustos. Si no se logra entender desde el viaje del alma que hay cosas que no se justifican y si no se considera la autoresponsabilidad se queda atorado en el camino viviéndose como víctima del destino o de las circunstancias o de ambos. Cada uno de nosotros somos los creadores de nuestra vida y las circunstancias de ésta y la creamos a través de pensamientos, palabras, actos y omisiones conciente o inconcientemente.

 

IMAGEN:

La imagen es una generalización desde la mente infantil limitada que ya no tiene que ver con la realidad ya que tiene que ser para todo y para todas las situaciones, que puede ser real o imaginaria. Lo que construyas sobre una mentira, se va a derrumbar tarde o temprano.

La imagen presenta tres fases:

Lógica:  Si yo manifiesto mis emociones me van a rechazar.
              Si no manifiesto mis emociones no me van a rechazar (conclusión errónea)

Mecanismo de defensa: Se atrae lo que más se teme. Cada día los eventos son con un grado     
                                       de dificultad mayo para ser cada vez más obvio.

Desgarre:  Al no movernos, se va generando un” desgarre” provocando dolor por no estar
                 haciendo lo que nos toca hacer en ésta vida. Dolor  y sufrimiento por la
                 separación de Dios y no estar haciendo lo que nos toca, ya que cada uno
                 escogimos volver para resolver y hacer un trabajo.

 

Cada día es una segunda oportunidad y cada reacción emocional es una oportunidad de crecer ( que me enseña esta situación) para hacer aquello que me propuse hacer antes de nacer. Porque  toda la vida tiene un solo propósito y un solo sentido; regresar a Dios.

REACCION EMOCIONAL =  IMAGEN (problema no resuelto )
                    |
TIENES QUE BUSCAR LO TUYO

Cada imagen tiene como función que regreses a l a verdad.

Como no se cree en un Universo justo y nos creemos víctimas inocentes de un dios incapaz, se toma “justicia” por las propias manos, que no es otra cosa que “ venganza”, por lo tanto se cree que se es mejor que dios que se equivoca.

 

COMO SE TRANSFORMA:

Viendo el efecto en ti y en los demás
Dándose cuenta de cuál es la intención de cada acto de la vida. Ya que todo sufrimiento que me provoco, en el fondo tiene la intención de hacer sentir mal a mis padres por mis errores y a Dios por su injusticia y en éstos actos, hay un placer, el placer de hacer daño a los que yo creo que me han dañado.

 

IMAGEN HACIA MI MISMO:

La imagen idealizada de mi mismo:  De lo  que yo creo de mi mismo            Ya sea mas o   
                                                           De lo que yo debería de ser                     menos.
                                                           De lo que quisiera ser

Mas que los demás por que soy el que mas sufre o el mas torpe, o el más inútil
Menos que los demás, puedo, capacitado, etc.

Cuando nos comportamos creyéndonos más que los demás, en el fondo el sentimiento de lo contrario, se cree que se es menos, de la misma manera, cuando me comporto creyéndome menos que los demás, es que en el fondo soy mejor que todos, y todos me tienen que servir.

Cuando se siente mas o menos y surge la necesidad de demostrar esto, es el voluntarismo quien está presente y detrás de esto está el miedo, un miedo profundo, y es la creencia de que no se nos perdone y no haya redención.

Cuando se cree que no hay redención, se enconcha en la actitud negativa y no se hace nada para salir de esas conductas y se cree que no se logra por falta de méritos.

 

SUPERAR AL SER IDEALIZADO:

La vida es una sucesión de vida / muerte. A que tengo que morir, a lo que se creo que soy, morir al Ego. La muerte del Ego es renacer al Ser ( lo que en realidad soy), en la dimensión del tiempo, eso que llamamos vida es un continum de vida / muerte.

Integrar las dualidades, ya que todas ellas terminan en vida o muerte, todos los extremos se juntan.

EN EL SER NO HAY VIDA Y MUERTE, SOLO HAY EXISTENCIA.

 

 

 

Bibliografía:

LA METAMORFOSIS AMOROSA

Publicaciones del Centro de Supervisiones Clínicas

Lic. Celia Buchner-Lic. Alicia Carrica-Lic. Stella Maris Onetto

 EL YO Y LOS MECANISMOS DE DEFENSA

Anna Freud

Paidos

 INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE MELANIE KLEIN

Hanna Segal

Piados

 EL NACIMIENTO PSICOLÓGICO DEL INFANTE HUMANO

Margaret S. Mahler

Fred Pine

Anni Bergman

Enlace Editorial

 NO TEMAS EL MAL

Eva Pierrakos y Donovan Thesenga

Pax México

IMAGEN IDEALIZADA DEL SER

Conferencia N° 83

Método Pathwork

 

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