La Core Energética
Integración de cuerpo, emoción,
mente y espíritu
Publicado en Revista Tiempo presente
Diciembre
2006
John Pierrakos
Breve autobiografía
Nací en Grecia el 8 de febrero de 1921, en Neon Oitylon, una pequeña población a orillas del Mediterráneo.
Estuve rodeado por mujeres: mi madre, tres hermanas mayores, primas y tías, que me cuidaban y querían mucho, pero satisfacían algunas de sus necesidades a través de mí, por lo que me hice dependiente de ellas. Mi padre casi siempre estaba ausente, estaba en viajes de negocios por Europa. Yo le tenía miedo, temía que se diera cuenta de mi creciente interés por el sexo con algunas de las chicas que me rodeaban. Nunca me dijo que me quería. Mi madre no tenía educación, pero su amor me daba seguridad y, a la larga, me dio la capacidad de expresar mi amor por una mujer libremente.
Nos mudamos a Atenas cuando yo tenía nueve años. Para mí fue un shock, pues en la ciudad no había naturaleza, no había mar, no había rocas en las que se pudiera jugar, no había campos en los que se pudiera pasear. Me sentí prisionero. Como estaba furioso y mi energía sexual estaba frustrada, jugaba fútbol intensamente y con rabia.
En 1939, Europa se estaba preparando para la guerra. Una de mis hermanas y su esposo estaban viviendo en Nueva York y me invitaron a vivir con ellos. En comparación con mi vida en Grecia, la libertad que ahí tenía era impactante, tuve que aprender inglés y me gradué en medicina, decidí estudiar psiquiatría. Recuerdo la primera vez que me emocioné por este trabajo: tenía quince años, había leído un artículo acerca de dos hombres: Freud, que había descubierto el inconsciente y Reich, que había descubierto la “fuerza vital”. El nombre de Reich no significó nada para mí pero despertó mi curiosidad: ¿qué es esto de la fuerza vital? Años después, en la ciudad de Nueva York, una amiga me preguntó “¿conoces a Wilhelm Reich?” y le dije que no, entonces me sugirió que leyera La función del orgasmo. Lo leí y pensé: “¡Guau, qué cosa tan maravillosa! Esto es entender la vida desde su origen”. Después, ella me sugirió que trabajara con él, a lo que yo respondí: “¿Quién?, ¿yo? ¿Por qué a un genio como él le interesaría trabajar con alguien como yo?”
Finalmente logré reunir el valor y lo llamé; me aceptó como paciente y me molestaba de muchas maneras. Me sentí intimidado por su autoridad, por su cara tan grande, por su voz tan poderosa. Me sentía igual que con mi padre, me sentía inferior y esto provocó que sacara mi enojo y todos mis problemas con la autoridad masculina. En esa época, se ocupaba principalmente de mover mi energía a través de la respiración profunda y a través de diferentes movimientos como patear en un colchón.
A finales de los cuarenta, la Asociación norteamericana de psiquiatría percibió a Reich como una amenaza. Aunque para entonces yo ya formaba parte del grupo de Reich y creía en la esencia de su trabajo, me di cuenta de que él y sus seguidores no eran cuidadosos con las enseñanzas; yo no quería poner en riesgo mi licencia médica, así que decidí retirarme. Me afectó mucho abandonarlo en ese momento porque Reich había sido una parte crucial en mi vida; él era muy apasionado—eso fue lo que me conectó con él. Estuve con él por dos años antes de darme cuenta de que él había sido la persona sobre la que había leído en esa revista griega cuando tenía quince años.
Después de algunos años de trabajar como psiquiatra en un hospital de Nueva York, renuncié, puse mi consultorio privado y me asocié con Alexander Lowen, a quien yo había conocido en el grupo de Reich. Para ese entonces yo ya estaba casado y tenía dos hijas. Durante los siguientes doce años Lowen y yo desarrollamos lo que sería conocido como Bioenergética, que estaba basada en lo que habíamos aprendido acerca de las defensas y de la energía del carácter durante nuestro trabajo con Reich. Fue muy emocionante experimentar con nuevas técnicas y conceptos. Nuestra meta fue el arraigo energético y mental de la personalidad. Al paso de los años, me empecé a sentir estancado en mi matrimonio, nunca floreció completamente, así que mi esposa y yo nos separamos y después nos divorciamos.
Alrededor de 1964 conocí a Eva Broch, un medio espiritual que, desde 1957, había estado dando conferencias (mientras estaba en trance) acerca de los aspectos espirituales del crecimiento personal: la conexión entre el ego y la conciencia universal; amor, eros y sexualidad; unidad y dualidad y temas relacionados. Ella había creado una comunidad (The Pathwork of Self-Transformation) que estudiaba y llevaba a cabo estas ideas. Ella estaba transmitiendo los elementos que yo sentía que hacían falta en mi trabajo.
Cuando nos conocimos, sus ojos oscuros mandaron rayos del alma hacia la mía; era vibrantemente hermosa, era un ser magnífico. Las sesiones con ella trascendían lo que era una sesión de terapia. Aprendí a integrar mis esfuerzos personales con mi trabajo. Eva y yo nos enamoramos y nos casamos. Dejé la bioenergética para llevar mi trabajo hacia una nueva dirección. Esos años con Eva fueron los más felices de mi vida. Ella era artista y bailarina.
Nuestro trabajo nos unió mucho; ella despertó mi interés por la dimensión espiritual de la conciencia y yo le di al Pathwork la dimensión de la energía—cómo es que ésta conecta el cuerpo y la personalidad con el ser espiritual. Esta integración dio pie a que nuestro trabajo floreciera y lo realizamos hasta que Eva murió en 1979. Nuestro amor era precioso, era hermosa la forma en la que nos preocupábamos por el otro. Había una conexión profunda con entrega total. Ella era mi alma gemela y yo fui la suya.
A partir de todo esto—de la psiquiatría, de Reich, de la Bioenergética, de la guía de Eva, del Pathwork—surgió la Core Energética. El trabajo con Eva me motivó a cambiar el énfasis de mi trabajo de las defensas al ser espiritual. Ahora, puesto que tengo profundo respeto y amor hacia la gente, mis intervenciones pueden traspasar sus estructuras defensivas de una manera rápida y precisa. En mi corazón sé qué es lo que estoy haciendo y por qué lo estoy haciendo. Mi ego ya no participa tanto en mi trabajo como antes y sigo trabajando en mis propios conflictos con la autoridad y con el liberarme más para ser más audaz.
Anhelo ver florecer a la Core Energética en muchas otras formas para ayudar a unificar la separación que hay entre la psicología, la religión, la ciencia y la vida personal. Mi trabajo es alcanzar la profundidad de la esencia de una persona; ayudar a esa persona a abrirse, a transformarse…¡a moverse!...
Breve autobiografía redactada con base en una entrevista que realizó Ilse Kretzschmar a John Pierrakos acerca de su vida en Casa Tonalli, Edo. de México el 24 de septiembre de 1999.
El Dr. John C. Pierrakos falleció el 1 de febrero de 2001 en la ciudad de Nueva York.