Boyesen, una experiencia personal
Para escribir este artículo sobre mi experiencia personal con la Terapia Biodinámica Boyesen, me pongo cómoda, pienso en cosas agradables y placenteras y evoco el típico ruido peristáltico, que estoy segura nos encanta escuchar a cada una de las personas que damos masaje Boyesen.
El masaje Boyesen es para mí un sentir, un estado de estar anclada en el cuerpo. Yo estoy en simbiosis con mi cuerpo, tengo la sensación del fluir dentro de mí. Como la imagen de una bandeja grande, ancha y saliente con un oleaje suave que corre lentamente en un ir y venir de arriba para abajo dentro de mí. Ese oleaje es contenido por la suave cobertura de la orilla de esa bandeja. Ahí está el sentirse movida y sostenida al mismo tiempo. Puedo agregar colores, sonidos y más imágenes, mientras soy libre en mi pensamiento, el cual también va y viene y no se detiene. Es una sensación del todo y nada, de tiempo pasado… futuro… no importa. Un simple estado de ser con un sentir de expansión en varios niveles, inhalando y exhalando en el universo sin perderme en ese espacio. En esos momentos también me puedo dejar sentir como una niña feliz corriendo por praderas verdes con florecitas, bailando al sol con un vestido blanco y largo.
Para llegar a ese estado tuve que haber pasado por las tipologías de piedra neurótica, guerrero neurótico, príncipe o princesa neurótica y guerrero espiritual. Pasé por esos estados como estaciones en mi viaje de autodescubrimiento y, a veces, vuelvo a pasar por la misma estación esperando a que me lleve la próxima corriente biodinámica.
El estado de piedra neurótica era mi coraza muscular dura, casi impenetrable, entrenada por el deporte atlético, con suficiente energía para resistir en las tareas cotidianas que me había impuesto. Un círculo vicioso hasta que empecé a sentir los duros golpes de la vida. Entré al masaje porque me sentí atraída por el contacto, en el que descubrí el anhelo de sentirme a mí misma. Mis sesiones entre biorelease y deep draining me proporcionaron un nuevo sentimiento de seguridad en mi misma, empecé a tener mucha confianza en mis reacciones corporales. Eran reacciones del sistema vegetativo que se conectaban conscientemente y poco a poco con sensaciones, hasta llegar al final a entender sus respectivos sentimientos, aunque no necesariamente conectaba cada sensación con un sentimiento, ni la entendía, ni mucho menos la podía definir. Creo que a eso se refería Gerda Boyesen al hablar del bloqueo energético. Gerda habla de “bolsas” en el cuerpo y para liberarlos hay que encontrar la “llave”, que al masajear abre la psicoperistálsis.
En mi caso puedo decir que mediante la Psicoterapia Biodinámica Boyesen, en cuanto se empiezan a mover mis bloqueos, hay sensaciones, llegan imágenes a mi cabeza, las empiezo a relacionar con recuerdos y memorias y vuelvo a un estado de estrés en donde no sé si quiero enfrentar lo oscuro. De igual manera hay como una presión leve, un ímpetu interno (el agua del río que llega a un dique, se empieza a acumular) de una sabiduría natural que tiene el cuerpo y que quiere salir hacia la luz. El líquido corporal con su emoción amarrada empieza a buscar una salida. Y bajo las sabias manos de mi terapeuta, que intuye por dónde quiere salir ese impulso de energía, encuentra nuevos caminos su salida en una expresión del sentimiento que estaba atrapado...
Yo he terminado muchas veces en la terapia vegetativa en el punto de sacar mi rabia contenida, pataleando y gritando, pero se ha empezado a disolver la piedra neurótica. El cuerpo ha cambiado, se estaba moldeando, de vez en cuando me han preguntado si he bajado de peso. Y establecí un lenguaje entre mis sensaciones y sentimientos...
Al continuar con los masajes venían a mí las imágenes y los sueños de un guerrero luchando sin cesar. Me parecían guerras interminables que deambulaba yo entre sensaciones de sentirme de repente cansada, de seguir luchando... Volverme a sentir cansada y tener que levantarme para volver a luchar... Cambios, finalmente entre mi depresión y mi agresión.
Paulatinamente fui tomando mayor conciencia de mi rabia contenida, tenía la confianza en mi cuerpo, de que si la dejaba salir, me iba a sentir mejor. Ya conocía los pasos para disolver lo viejo, los residuos de un reflejo de estrés. Era la guerra contra lo viejo, contra mi neurosis. Y de repente el guerrero supo que la guerra había terminado. Mi rabia se calmó y pude aceptar y disfrutar la energía suave, que bajaba por el cuerpo y me conecté con el anhelo de regresar a éste como quien quiere regresar a casa.
Hoy en día veo mi proceso con la Psicoterapia Biodinámica Boyesen como una aventura y un descubrimiento de mi cuerpo impresionante. Todavía es un misterio, salen recuerdos y memorias en lugares no esperados. Por ejemplo un día que trabajaba en terapia mi relación con mi mamá, llegué al punto en donde creí que jamás recuperaría mi energía femenina. Mi terapeuta empezó a masajear mi muñeca izquierda, y en ese instante me vino el recuerdo de mi abuela materna en su última etapa de la vida. Ya no se podía levantar de la cama. Era una de las “famosas” madres alemanas fuertes, que habían sobrevivido a dos guerras mundiales. Tenía 8 hijos y 27 nietos. De estatura normal pero con una pelvis, que cuando yo era niña me parecía del doble de un tamaño normal. Fue, creo, la última visita que le hice antes de su muerte y me senté junto a ella y nada más sostuve su mano. Acordarme de ello durante el momento del masaje, abrió mi peristálsis y entró la energía femenina de mi abuela y me llenó todo el cuerpo con un nuevo sentir y una conexión espiritual hacía mi feminidad.
Esos sucesos me dejan impactada, sorprendida y muy agradecida por la vida. Con una felicidad interna y un nuevo sentir del placer a la vida.
Gracias Gerda, gracias Julie.
Susanne Meuer