SAT para educadores
Claudio Naranjo
(Derechos reservados)
Conferencia dictada en la Universidad de las Américas

Puebla 24 de Marzo, 2006

Resumen: Roxana Rosas Guerra, Psicóloga

Publicado en Revista Tiempo presente - Julio 2007

 

Claudio Naranjo ha sido un estudioso del alma humana y un observador de los fenómenos sociales durante varias décadas, es por esto que propone un complemento para la educación tradicional. Él se ha dado cuenta que la crisis generalizada que vivimos hoy día en el planeta está agravada por la situación económica global, pues la economía no es una ciencia, sino una ideología que justifica cierta manera de proceder (en épocas de Stalin se hizo un experimento radical de centralización económica o estatismo completo, ahora se ha hecho uno de libre mercado completo, pensando que sería una garantía para la democracia). Claudio propone que lo que hoy necesitamos es crear una economía compatible con los valores humanos.

En su libro “La agonía del patriarcado”, Claudio llega a la conclusión de que muchísimos de los problemas existentes tienen raíces humanas y no técnicas solamente. De hecho, propone que el patriarcado es la raíz de la mentalidad industrial, el capitalismo, la explotación, la ansiedad, la alienación, la incapacidad para la paz y el expolio de la tierra entre otros.

Analizando el tipo de civilización en la que vivimos llega a la conclusión de que cuando los machos se apoderaron del control social, se estableció la civilización patriarcal, cuya mentalidad es represiva y policial. La violencia es una característica de estas sociedades, lo que las hace que prohíban demasiado y donde el moralismo es parte inherente. El mundo patriarcal es excesivamente jerárquico y los valores que enarbola son el autoritarismo, la fuerza, la competitividad, etc. El problema fundamental, sostiene Claudio, radica en la estructura patriarcal, pero no tanto de la sociedad, sino de la mente. La fuente de todos nuestros males es nuestra incapacidad para las relaciones humanas, nuestra limitada capacidad para amar y sostener relaciones fraternales con los que nos rodean.

Hoy en día sabemos que somos seres tricerebrados, más allá de la noción de los hemisferios izquierdo y derecho, que son dos mitades del cerebro pensante: el intuitivo y el racional, o bien el digital y el análogo. Pero en nuestro cerebro existe todavía el cerebro primitivo, que sería la parte del reptil, que debía ser parte de nuestra naturaleza, pero a la que hemos condenado a vivir en el sótano, ya que nuestro cerebro paterno-patriarcal domina tanto que en la vida civilizada tenemos la parte intuitiva olvidada.

La civilización es antinatural, antiplacer, incluso antibúsqueda de la felicidad. Estamos en actitud de conquista de la naturaleza interna. Hemos sido domesticados y domesticamos a la siguiente generación. Parte de la función de la educación ha sido esta domesticación, este enseñarles a los niños desde una especie de pedofobia, una fobia al niño, al espíritu infantil, al lúdico. Cada vez hay menos espacio para el placer del espíritu del juego. Tenemos que cuestionar la domesticación en la crianza de los niños, la invasión tecnológica masculina que se ha hecho sobre el mundo femenino, como el que ha pasado en el mundo del parto, donde las parteras han desaparecido de las salas de maternidad.

Al tercer cerebro, al amoroso que compartimos con los mamíferos, se le llama también cerebro emocional o relacional. El amor no puede venir de la razón, del intelecto. El amor es una función del cerebro mamífero, que es el que tiene el programa básico de la relación de la madre con la cría, y hoy lo hemos traducido a fraternidad.

Para Claudio, el mal radica en que somos seres tricerebrados que vivimos con un solo cerebro. Él propone que necesitamos una educación para tricerebrados, y estamos ofreciendo una educación puramente intelectual, racional, con el modelo donde el profesor sabe la información y el alumno sólo debe embutírsela, es decir, que esta organización patriarcal de la sociedad está oprimiendo tanto la parte intuitiva como a la parte amorosa. Sostiene también que el costo de perpetuar esta incompletud es que no se nos eduque para ser personas más amorosas, lo que nos hace personas muy poco capaces de fraternidad, de solidaridad. Hoy se habla de educación de valores, pero aunque esto es loable no se pueden transmitir los valores si no se encarnan; para educar y transmitir se necesita gente libre, que enseñe valores a través de su presencia, esto es un contagio de conciencia, pero para poder hacerlo se necesita haber sanado, haberse completado, haberse llenado como ser humano, haber salido de la condición carencial.

Tenemos que llegar a ser personas más amorosas de lo que somos. No es tanto adquirir algo que nos falta, sino quitarnos algo que nos sobra. Estamos llenos de resentimiento, de venganza, de odio y sufrimiento. Todos hemos sufrido frustraciones con las personas que seguramente más nos quisieron, pero que no pudieron evitarlo porque son parte de una sociedad portadora del virus, por así llamarlo, es decir los males de la sociedad encarnan en cada individuo. La reparación tendría que comenzar por reabrir las heridas.

En este sentido la psicoterapia propone liberar esa parte de la persona que está encadenada, recuperar la parte fundamental “primitiva” de nosotros, pues hay una infelicidad muy grande en la naturaleza humana mientras esto no se hace, ya que queda la sensación de estar disminuido, encogido, enfermo.

Hoy en día se ve como asiste gente más y más dañada a las escuelas, asiste gente menos capaz de aprender, que rechaza lo que se le da porque en sus hogares no los tratan bien. Y aunque los maestros toman cursos de educación continua y pedagogía, parece que sólo se están parchando sus carencias. La educación debería tomar en cuenta en sus metas, como algo fundamental, la educación del corazón, debería ser intrínseco a la educación crear ambientes que promuevan el sentimiento, no la idea democrática de la comunidad, sino la capacidad de relación igualitaria, que no es compatible con el implícito programa autoritario. Claudio propone entonces que la educación debería incorporar lo que hacen los terapeutas, que es ayudar a que las personas salgan de la condición dolorosa, de las perturbaciones emocionales hacia una satisfacción interna, hacia un goce de la vida, a la recuperación del potencial amoroso. No hay  salud mental sin capacidad amorosa. La felicidad, dice Claudio, está intrínsecamente ligada a la capacidad de amar al prójimo y a si mismo. Cuando esta capacidad es inexistente surge la patología la cual es un estado voraz, que como todas las perturbaciones emocionales tienen como base una actitud de vampiro, de querer llenarse con el amor de otros, entonces se seduce para cubrir ese amor que faltó. Hay que buscar el desarrollo psicoespiritual, debemos buscar la formación de seres mas completos, mas realizados.

Nosotros no podemos diseñar un mundo mejor desde donde estamos. Lo mejor que podemos hacer por el futuro es ser un mejor puente para un mejor futuro, contribuir a que la siguiente generación tenga una conciencia mayor que la nuestra; y sólo la educación puede influir masivamente en la conciencia humana. No se trata de reformas curriculares, sino de practicar una educación para tricerebrados, que no sea solamente intelectual, sino también interpersonal o afectiva.

Claudio sostiene que en el momento en que se enfoca como prioridad el desarrollo humano coincide el deseo de los educandos, los intereses más vitales de cada uno de los que reciben la educación con el deseo de un interés colectivo. Solamente seres más completos, más amorosos, más felices, más sabios pueden constituir una sociedad mejor. Hace falta poner mas énfasis en la transformación, pues de otra manera la carencia amorosa se perpetúa de generación en generación. La vida solamente procede de la vida, de la misma forma que la conciencia sólo procede de la conciencia.

Es por lo anterior que el Dr. Naranjo sugiere que la clave se encuentra en la formación de los educadores como un complemento a la formación tradicional que les dan, como una forma de nutrición emocional. La misión del educador viene de una vocación, una llamada que se parece mucho a la de la maternidad que cuida al otro, que quiere ayudarlo. En el mundo patriarcal la educación se intelectualiza y se rige por criterios masculinos, se busca que sea eficiente, que tenga rendimiento como inversión, que sea un buen negocio. En base a esto él creó un programa vivencial, que lleva por nombre SAT (que son las siglas en inglés de buscadores de la verdad), con la idea de ayudar a los profesores para cumplir mejor con su función de ayudar a otros, pero no a través de técnicas o ideas, sino de ciertas experiencias profundas, darles un golpe al corazón; algo que los ayude a ser más auténticos, que estén mas contentos consigo mismos, que sean mas capaces de escuchar, que estén menos atrapados en su mundo pasional. En este programa se trabaja con el autoconocimiento, pero no en la enseñanza de él, sino como una conexión con un proceso vivo, que los acompaña en el camino. En este programa se hace un trabajo para el desarrollo de la conciencia.

Claudio Naranjo sostiene que la estructura patriarcal de las civilizaciones es algo así como la noche oscura del alma colectiva, y las soluciones parciales no servirán para arreglar este problema, es por eso que en su análisis concluye que la educación es nuestra mejor esperanza; una educación que, lejos de limitarse a transmitir información, apunte a la formación de seres humanos más completos.

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