Catarsis - No catarsis

 

Vivimos, en el transcurso de nuestras vidas, experiencias traumáticas o de crisis en las cuáles nuestro organismo recurre a un mecanismo de defensa básico: disociar o negar todas las energías que no puede asimilar tales como el pánico, la rabia o el dolor. Para no sentir tanta amenaza, el cerebro se cierra y evita la percepción del dolor emocional, pero este dolor o estos recuerdos intentarán manifestarse de muchas maneras en nuestras vidas. Muchas veces la depresión, la angustia, el uso de alcohol, drogas, etcétera, son formas a las que recurrimos para evitar recuerdos y anestesiar lo que sentimos. El cuerpo también estará tenso con el fin de evitar que emerjan impulsos estancados.
La mayoría de las personas hemos creído que si damos una buena explicación a lo que nos sucede, desaparecerán los síntomas y los malestares físicos y emocionales. Este entendimiento si bien es útil para motivar nuestra voluntad de transformar lo que ya no nos sirve, no es suficiente para experimentar bienestar, ya que el solo hecho de aplicar la voluntad en el pensamiento no basta para que fluyan las emociones congeladas en el cuerpo, ni el dolor psíquico acumulado. Hay que liberar expresando tanto en el nivel mental, corporal emocional y espiritual, todo lo no expresado.
El trabajo psicorporal libera precisamente estas energías frenadas y permite integrar y comprender las vivencias que surgen durante el proceso y las que han sido reprimidas a través de los años.
Hablamos de catarsis cuando alguien logra descargar sus sentimientos e impulsos frenados desde hace mucho tiempo. A través de la catarsis se transforma la energía potencial estancada en emoción y movimiento expresivo; se reviven los traumas del pasado o el dolor de la crisis actual y con ello, se hace posible que nos demos cuenta en dónde se originaron los síntomas y los bloqueos psicocorporales que no nos permiten ir a la vida con libertad. Cuando expresamos abiertamente las emociones y descargamos físicamente lo sentido, generamos la energía suficiente para disolver las tensiones musculares crónicas. Esto da paso a la reorganización del cuerpo.
La catarsis en el trabajo terapéutico siempre tendrá un objetivo, el cuál estará en función del proceso y la necesidad del cliente. Además es importante que se haya establecido un buen vínculo, es decir, una relación de confianza y empatía. Así como contemplar las diferentes dificultades de contacto y expresión de cada estructura de carácter o personalidades con las que estemos trabajando (cada personalidad presenta resistencias particulares dependiendo de las heridas de la infancia y sus principales temas de vida), es decir, de los rasgos individuales de cada persona y del tema que el paciente presenta a terapia, lo que determina la catarsis en la sesión terapéutica.
En la actualidad encontramos que el tema de la catarsis es un tema controversial. Para algunas escuelas psicoterapéuticas existe la idea de que la catarsis retraumatiza, de que es sólo golpear y vuelve a las personas más agresivas, etc.
Pensamos que es muy difícil transformar la actitud personal hacia un espacio de mayor apertura y vitalidad, si no movilizamos las energías estancadas en nuestros cuerpos y expresamos las emociones que se quedaron atrapadas. Si congelamos las emociones negativas de dolor, rabia, ira etc., también congelamos la alegría y cualquier otra emoción de vida. Nosotros somos del pensamiento de que bien integrada al proceso de crecimiento terapéutico, utilizada con todas las medidas de precaución y con un objetivo claro, la catarsis es una herramienta que nos permite salir precisamente de estos estados traumatizados del cuerpo, las emociones y la psique, y que al liberar estas emociones negativas, libera a la persona de emociones molestas y tensiones crónicas permitiendo experimentar el placer de estar vivo.

María Esther Pelayo Camacho

 

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